Nada que Tenga un Nombre

El 12 de octubre de1989, los artistas Pedro Lemebel y Francisco Casas -Las Yeguas del Apocalipsis- realizaron una intervención en la Comisión Chilena de Derechos Humanos, bailando, en silencio y descalzos, una cueca sobre un mapa blanco de América del Sur cubierto por vidrios de botellas de Coca-cola rotas. El mapa se iría tiñiendo de rojo a medida que sus pies se lastimaran. Lemebel y Casas tenían, pegados en sus torsos desnudos, un walkman. Los únicos que escuchaban la música eran ellos. La performance se llamó La Conquista de América.

“Vivimos bajo la imposición de una línea narrativa por sobre imágenes dispares, por las ‘ideas’ con las que hemos aprendido a congelar la movediza fantasmagoría que en verdad es nuestra experiencia.”

Joan Didion

El lenguaje crea y destruye, porque nombra y categoriza.

En La Revolución Electrónica, William Burroughs propone que la técnica del cut-up es lo más parecido a la realidad: ‘Creo que está más cerca de reflejar los hechos concretos de la percepción humana que la mera linealidad. Si uno sale a la calle, ¿qué ve? Ve autos, trozos de gente, ve sus propios pensamientos, todo mezclado y sin linealidad alguna.’[ii]

Si pensamos a la experiencia sólo como el producto de nuestro aparato sensorial estamos obviando que el mecanismo con el que ese aparato imprime las imágenes en nuestra conciencia es el mismo con el que un pensamiento la atraviesa mientras experimentamos esas imágenes. El ejercicio de capturar una experiencia en palabras es un ejercicio que demanda una verdadera comprensión del acto de experimentar, sobre el que sabemos poco. ‘¿Cómo harías para encontrar aquello cuya naturaleza te es completamente desconocida?’[iii], se preguntó Rebecca Solnit en A Field Guide to Getting Lost.

Sobre la naturaleza no sólo de eso que significa experimentar la realidad que nos rodea sino también de eso que constituye el yo que la experimenta, Diderot ya se había preguntado en 1769 por cómo debía ser organizada la materia para que pueda desarrollarse la conciencia.

El antropólogo Roger Bartra propone una hipótesis sobre la emergencia de la conciencia de ese yo, con un modelo que implica que la conciencia es una prótesis simbólica de sustitución de la cual el homo sapiens se valió para comunicarse, conocer el mundo y sobrevivir. La más refinada de las herramientas culturales de esa prótesis es el lenguaje. John Searle, desde otro campo de estudio, sugiere también que el lenguaje es el tejido constitutivo de la civilización en Making the Social World, donde da cuenta de cómo las declaraciones de lenguaje eventualmente pueden construir realidades que terminan organizando nuestra conducta.

En un capítulo de su libro Antropología del Cerebro, dedicado a la conexión entre los individuos a través del lenguaje como sistema simbólico de sustitución, Bartra usa un poema de Rubén Darío para dar cuenta de cómo el lenguaje es una terminal que conecta experiencias y que, al hacerlo, construye una experiencia más grande compartida. Darío escribe:

‘¡Oh inmenso azul! Yo adoro
tus celajes risueños…’

Bartra imagina un experimento en el que se enchufa un cable nervioso en el cerebro del poeta y se lo conecta con nuestro sistema neuronal para tener toda la experiencia poética del azul sentida por él, y se pregunta ‘¿dónde está aquí la conciencia? Precisamente en la conexión simbólica indirecta entre las impresiones de Rubén Darío y nuestra experiencia al leer sus versos.’[iv] Todas esas experiencias compartidas constituyen el gran cut-up de la memoria cultural de una sociedad.

Toda la compleja red de impresiones y asociaciones individuales, de experiencias que exceden al azul, exceden también al lenguaje en sí mismo, y esa red es necesaria, al fin, para que el azul sea una entrada de esa memoria colectiva, con tantos matices como individuos la comparten. Esos individuos alimentan la memoria –la red- con su experiencia del azul, y esas experiencias no son sólo del color sino de las memorias, los deseos, los pensamientos, los sonidos, los nombres, el espacio, los olores y la piel. Esas experiencias son del cuerpo.

¿Quién puede documentar la experiencia? ¿Quién puede, acaso, sustraerla de los dominios del cuerpo y transformarla en otra cosa? ‘El problema con la poesía son los poemas’[v], escribió Ben Lerner, porque las palabras sitúan, porque la decisión sobre una u otra palabra y el acto de nombrar y componer reducen la complejidad de la experiencia. Lerner sostiene que hay un poema imposible que se destruye al escribir el poema posible.

En una de las alegorías del Zhuangzi, la única persona capaz de encontrar la perla oscura perdida del emperador, fue Sin Nada –su nombre se traduce literalmente como ‘el olvido de los fenómenos’. François Billeter estudia este relato y entiende que se trata de ‘el olvido de los fenómenos que la mente distingue de manera arbitraria’ y concluye que ‘Sin Nada no cae en esa trampa, los olvida.’ [vi]

Otra de las imágenes en los diálogos de Confucio elegidas por Billeter para iluminar la idea del olvido es la de un nadador que logra salir ileso de un remolino. Confucio observa que lo consigue porque ‘olvida el agua’.

El cuerpo experimenta y el intelecto interviene. El lenguaje crea y destruye porque nombra y separa, porque nombra y organiza, porque en esa organización, en esa red de declaraciones que regulan nuestros actos, también decide qué es lo que tiene y qué es lo que no tiene un nombre. El lenguaje es la estructura que define la forma en la que tocamos el mundo.

“Una ciudad está construida para parecerse a una mente consciente, una red que puede calcular, administrar y fabricar. Las ruinas se vuelven el inconsciente de una ciudad (…) Con ruinas una ciudad se libera de sus planes y se transforma en algo tan intrincado como la vida misma (…) Con las ruinas una ciudad muere, pero es una muerte generativa, como un cadáver que alimenta las flores. Una ruina urbana es un lugar que ha caído por fuera de la vida económica de la ciudad, y en cierta manera es el hogar ideal para el arte que también cae por fuera de la producción y el consumo ordinarios.”

Rebecca Solnit

“¡Ay, si conociera a un hombre que olvidara el lenguaje, para poder tener con quien hablar!”

Zhuangzi

La experiencia no tiene planes, porque está sometida al devenir del cuerpo. Al alejarnos de los planes de la ciudad del lenguaje nos volvemos disfuncionales, un descarte de nosotros mismos que, abandonado, empieza a ser invadido por la vida que emerge de la muerte simbólica y generativa de las ruinas.

Los walkmans pegados en los pechos desnudos de Lemebel y Casas subrayan la tensión del silencio, abonando la idea de la clandestinidad –aquello que hay que oír sin que se note, aquello que no nos está permitido escuchar o decir, aquello que no podemos nombrar.

Los cuerpos –y el silencio- contienen todo aquello que el lenguaje no puede contener, aquello para lo que el lenguaje es insuficiente. El silencio –y el blanco del mapa que se va manchando con la sangre de los pies de los artistas mientras bailan sobre los vidrios rotos- son potencia de algo aún no nombrado, y también presencia de que fue privado de su nombre.

Del mismo modo que el azul de Rubén Darío evoca, en quienes lo leen, toda la experiencia individual del azul, el silencio de la cueca de Lemebel y Casas –como la ausencia del cuerpo en ‘La Cueca Sola’ de las madres de los desaparecidos en Chile- evoca todo aquello que no podemos nombrar. La ausencia –o el silencio- es el catalizador más potente de la experiencia, el espacio vacío con la forma exacta de lo que somos incapaces de nombrar. La ausencia –o el silencio- son el poema imposible, pues evocan la correspondencia con todo lo que no decimos.

“Aunque tristezas y dichas provenientes de fuera puedan penetrarme un poco, hay en mi alma un cuartito en el que no entran ni alegría ni tristeza, ni deleite alguno de virtud, ni satisfacción por nada que tenga un nombre.”

Ángela de Foligno

[i] Didion, J, The White Album (Londres: 4th State, 2017)
[ii] Burroughs, W, La Revolución Electrónica (Buenos Aires: Caja Negra Editora, 2013)
[iii] Solnit, R, A Field Guida to Getting Lost, (Londres: Penguin Books, 2013)
[iv] Bartra, R, Antropología del Cerebro. Conciencia, Cultura y Libre Albedrío, (México: Fondo de Cultura Económica, 2014)
[v] Berner, L, The Heatred of Poetry, (Londres: FSG Originals, 2016)
[vi] Billeter, F, Cuatro Lecturas sobre Zhuangzi, (Madrid: Ediciones Siruela, 2013)

Compositor / En este espacio reflexiono sobre sonido, música y sentido.

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