El Canto del Viento en Marte

“La nave vino del espacio. Vino de las estrellas, y las velocidades negras, y los movimientos brillantes, y los silenciosos abismos del espacio. Era una nave nueva, con fuego en las entrañas y hombres en las celdas de metal, y se movía en un silencio limpio, vehemente y cálido.”*

Ray Bradbury publicó Crónicas Marcianas en 1950, y esos cuentos dejaron el testimonio de un futuro imaginario en nuestra memoria colectiva, sembrándola con imágenes, sonidos, olores y sensaciones asociados a Marte. Esa memoria ilumina e inquieta aún los sueños de nuestra civilización. En pocas horas tal vez escuchemos por primera vez los sonidos reales de ese planeta.

Los demonios de polvo son remolinos que corren por la superficie de Marte. Hay imágenes de ellos, tomadas desde sondas que orbitan el planeta. La robot Curiosity, inclusio, ha capturado algunos en movimiento.

En esta foto, se puede ver uno de los demonios, su sombra y la huella que deja en la superficie a su paso, formada por el polvo rojo que se disipa y deja al descubiero el suelo, que tiempo después vuelve a ser rojo por efectos de la oxidación y exposición a la luz solar.

Esos remolinos avanzan implacables, agitando el polvo de la superficie de Marte, sin nadie que los escuche. Nuestras máquinas a veces capturan imágenes de su paso pero, hasta hoy, Marte es una película muda. Su paisaje sonoro sigue siendo una incógnita.

Perseverance, la rover que hace siete meses fue lanzada desde Cabo Cañaveral y que va a amartizar esta tarde, lleva entre su equipamiento dos micrófonos. Es la primera vez que un instrumento humano en la superficie de ese planeta tendrá la capacidad de enviar audio a la Tierra, agregando el sonido al espectro de sentidos extendidos que los humanos ya tenemos ahí. Pero las cosas en Marte no suenan como en casa.

En primer lugar, la temperatura promedio de la atmósfera es de -63 C, y en esas condiciones el sonido se propaga con mayor lentitud. Luego, el volumen de los sonidos en Marte es mucho menor porque su atmósfera es casi 100 veces menos densa que en la Tierra y la amplitud de una onda sonora es mucho menor en un medio de esa densidad. Por último, la composición atmosférica de Marte -96% dióxido de carbono- absorbe las frecuencias más altas produciendo un efecto conocido como atenuación -algo a lo que estamos acostumbrados ahora cuando escuchamos a otra persona hablar con un barbijo puesto.

El viento, para Atahualpa Yupanqui, “en una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros.”**

Esa voz del viento podría ser, en Marte, un murmullo ahogado. Para nosotros, acostumbrados a cómo suenan las cosas en la Tierra, escucharlo sería una experiencia enrarecida. Un sonido “limpio, vehemente y cálido” para un demonio de varios metros de altura. Podemos pensar a Marte como un desierto silencioso.

“… pero aquella noche el silencio era mayor que nunca. Los desiertos y los mares secos giraban a su paso…”*

El primero de los micrófonos de Perseverance se va activar durante el aterrizaje para registrar, tan pronto como la cápsula que contiene la robot toque la atmósfera, el sonido de la fricción durante el descenso, y luego los vientos y el polvo marciano desplazado por su llegada. El segundo va a grabar los sonidos de las rocas marcianas pulverizadas por el láser, para entender mejor su masa y la composición.

Perseverance podrá realizar escuchas de hasta tres minutos y medio en las que va a grabar -y mandar a casa- sonidos de los granos de arena desplazándose sobre la superficie de Marte, el viento soplando y, claro “los aullidos graves de los demonios de polvo pasando por al lado”.

Uno de los objetivos de la misión Perseverance es demostrar la forma en la que futuros exploradores que lleguen a Marte podrán producir oxígeno para sobrevivir. Una misión tripulada a Marte es, por ahora, un viaje sin retorno. Quien vaya debe hacerlo sabiendo que pasará el resto de sus días a millones de kilómetros de nuestro planeta, en ese desierto que atenúa los sonidos de los demonios de polvo.

Yupanqui dijo que hay que hacerse muy amigo del viento.

“Hay que escucharlo. Hay que entenderlo. Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquél que sea capaz de entender el lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto.”**

¿Qué poesía puede hacerse en un lugar en el que el viento recoge las voces y las transforma? ¿qué música puede nacer en la atmósfera marciana?

“¿Cómo sería, se preguntó, vivir en un planeta (…) y quedarse a solas con el viento y el silencio?”*

Quizás en pocas horas escuchemos, por primera vez, los sonidos atenuados de Marte. Aunque esas grabaciones logren cambiar la forma que tenemos de pensar en el paisaje sonoro de Marte, nuestra imaginación ya estuvo ahí hace mucho tiempo, y los sonidos que lleguen a la Tierra desde los micrófonos de Perseverance van a estar para siempre teñidos con el color de los cuentos que nos hicieron viajar hasta allá hace más de 70 años.

“De noche, cuando el viento barre el fondo del mar muerto y el cementerio hexagonal con cuatro cruces viejas y una nueva, una luz brilla aún en la baja casa de piedra, y en esa casa, mientras ruge el viento y giran los torbellinos de arena y las estrellas frías titilan en el cielo, cuatro figuras, una mujer, dos hijas y un hijo atienden el fuego sin ningún motivo y conversan y ríen.”*

*Ray Bradbury, Crónicas Marcianas

**Atahualpa Yupanqui, El Canto del Viento

Nota: La Nasa desarrolló un sitio específicamente dedicado al sonido en Marte, en el que podemos comparar cómo suena algo en la Tierra con cómo suena allá, e inclusive escuchar el sonido de nuestra propia voz como si estuviésemos en Marte.

Compositor / En este espacio reflexiono sobre sonido, música y sentido.

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